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Don Cucho - En molde permeable
Luis la Rosa Cabizza (a) “Don Cucho” atiende
personalmente al grupo de damas que ha llegado, un
martes de invierno, a su cálida casa de Pachacamac. Un
verdadero club de fans. Enclavada en un exuberante valle
al sur de la Gran Lima, en las afueras de la capital, su
estancia destaca por la naturalidad de los ambientes, lo
verde que rodea todo, un variopinto baño y las
antigüedades que le ponen alma. En sus cincuenta
clavados, el chef es pura energía y está más lozano que
un pollo de granja. Es un científico loco en su
laboratorio soñado. En impecable blanco bromea con las
damas, les da un paseo por el enorme jardín que domina
la vista, las lleva a los salones, pasa al jardín
interior y finalmente las deposita en el acogedor bar
que él mismo acaba de remodelar. “Son las vecinas del
barrio –dice en tono confesional–. Una de ellas ha
venido toda la semana y ya trajo a las amigas”. Así se
llega a “La casa de Don Cucho”. Por amigos que traen a
sus amigos.
Ha sido una larga travesía, desde tus inicios como
ayudante en la sanguchería de tu papá hasta contar con
esta casa, “La casa de Don Cucho”, con seguridad uno de
los restaurantes de mayor prestigio e influencia en la
cocina nacional. ¿Cómo vives este momento?
Mira, la pregunta es huachafa… (risas), la tonalidad que
le has dado también es huachafa… (más risas)… y, bueno,
la respuesta que te voy a dar no va a ser huachafa.
¿Sabes por qué? Porque esta, como siempre digo, es una
casa, no es un restaurante, y a mí me gusta la
informalidad. La comida no puede ser un asunto de tanto
protocolo.
Eso está claro.
Es que… mira pues, después de lidiar tanto con “la nueva
cocina peruana” y todo eso, me encuentro con esta casa
cuyo entorno no permitía que abra un restaurante de
cocina novoandina, o cocina creativa, o de chef, o de
estilo, o de…
¿De autor?
¡De autor! Sí, pues. No podía ser así, tenía que ser
criolla. Y la cocina criolla no puede ser pues… a ver:
no es que no pueda ser estilizada. Pero los platos son
grandes, son generosos, son como la misma cocina
peruana, como esta misma casa…
Como el mismo Cucho.
Como el mismo Cucho: exagerado. ¡Todo es exagerado acá,
ah! (…y abre los brazos en toda su extensión).
Oye Gordo (dirigiéndose al barman tras la barra),
prepárate unos pisco sours para los señores.
¿Cómo debe ser un restaurante de cocina criolla?
Bueno, lo exagerado es la primera parte. Nada de una
cucharada de jurel y un cubo de mero, y una miel encima.
Porque eso es para la ciudad. Y esto es más para un
público familiar. Y a la familia tú no la vas a… A ver,
Gordo, dame ese conchito… (y toma el remanente) ¡Salud!
Está bien oye, te ha salido bien…
Todo es exagerado, decías: los pisco sours están
heladísimos...
Ah pues, esa fue una de las pautas: como el pisco sour
se muere rápido, no nos importa que el hielo quede
machacado. Mucha gente dice: “¡Ay no, pero no sé qué, no
sé cuánto!”. No pues, es así como nos gusta. Ves que la
algarrobina también es una cosa enorme…
Está buenísima…
Bueno, regresando… el asunto era ese. Este restaurante
tenía que ser familiar. ¿Y como es familiar? Con
repetición… Ahora, si bien es cierto que aquí no damos
repetición (risas), lo que sí hacemos es servir de modo
tan generoso que permite picar de un sitio a otro y de
un plato a otro.
¿Y entre qué temas de investigación estás picando ahora?
Yo estoy un poco preocupado por lo que está sucediendo
en la alimentación. Porque la alimentación no es solo la
gastronomía, el turismo o los restaurantes elegantes. Se
habla mucho del arte culinario, de ollas llenas,
sartenes, peroles, cocineros y según una entrevista que
leí, al jefe del Instituto Nacional de Estadística (INEI),
lo más grave que tenemos es la pobreza alimenticia. Le
preguntan: “¿y los niveles de pobreza han bajado?” Él
dice: “hay algo más grave, es la pobreza de
alimentación”. Entonces nos encontramos en un momento de
paradojas en el Perú: resulta que estamos en un punto de
nuestra historia a puertas de tener una de las mejores
cocinas del mundo, que sea nuestro emblema, nuestro
orgullo y dignidad, y todo eso tan bonito, y tenemos que
uno de cada tres peruanos pasan hambre.
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