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CARNES Y DERIVADOS DE LA ANTIGUA LIMA
En esta época las carnes y los derivados de ella eran
muy apreciados, como la sabrosa y natural mantequilla
hecha de pura leche de vaca o como los ricos quesos de
vaca y de cabra a tres o cuatro moldes por un real, las
famosas aceitunas de esta ciudad y las de botijas de
Camaná a dos cada una.
En otros sitios se expendían la papa seca y el chuño
serranos, las grasosas salchichas, morcillas, el relleno
dulce , la manteca de cerdo usada para guisar en vez de
aceite, los cuyes sabrosos, los venados de exquisito
lomo, las perdices grandes de carne tiesa, que muchos
guisaban a los dos días de muertas, los patos de mediano
tamaño en comparación con los de Europa, las palomas,
las tórtolas o palomas de la tierra es decir de
América, y las gallinas, los conejos y el suculento pavo
propagados por los conquistadores.
Cuando todavía los ganados vacunos, ovejuno, cabrío y de
cerdo transportados desde las islas y Tierra Firme no se
habían multiplicado lo suficiente, los españoles suplían
la carne de res con la de llama o alpaca. Y no perdían
en el cambio, porque ellos mismos la ponderan, y
Garcilaso dice: “ ser la mejor que se conoce en el mundo
que las de los corderos de cuatro y cinco meses, que
mandaban los médicos dar a los enfermos antes que
gallinas ni pollos ”
En cuanto a carnes secas se encontraban los riquísimos
jamones serranos en su mayor parte de charqui de carne
de res y de llama, como los de la gorda chalona de
carnero o chivato poco estimada.
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